El color azul
El único lápiz de color que tenía era azul. Era el último de la cajita que le había regalado la abuela y por eso lo apreciaba más. Con ése decidió escribir su gran secreto. Pero los compañeros de la clase lo habían estado mirando y entonces, presuroso, Quique lo encerró prácticamente en su mano izquierda para no ser descubierto.
-¡Señorita! ¡Señorita! Quique tiene un machete en la mano…¡Mírelo, seño!
- Silencio chicos…trabajen, no pierdan tiempo.
La señorita Alicia continuaba escribiendo la prueba en la pizarra, sin dar mayor importancia a la acusación de Silvio. Pero los cuchicheos de los chicos no cesaban, ni los gestos amenazantes de algunos hacia Quique. Claro la señorita Alicia no los veía pues estaba de espaldas a la clase.
Terminaron el día.. despidiéndose de los maestros y empezaron a irse hacia sus casas.
La señorita Alicia fue la última en salir de la escuela. Al cruzar a la vereda de enfrente encontró a Quique tirado en el suelo, todo despeinado, lastimado y llorando desconsolado…su mano izquierda, apretada y toda ensangrentada…
-¿Qué ha pasado Quique?.
-Los chicos….seño….los chicos porque creen que copié en la prueba.
- Pero….no puede ser que sean tan malos, ¿ O es que sí tenías un machete? – sonrió la maestra con un dejo de complicidad.
- No señorita….no hice un machete…se lo juro.
- ¿Y qué tienes entonces tan apretado en tu mano? – mirando fijamente la mano izquierda del niño, preguntó la maestra.
- Nada, nada – respondía una y otra vez, cada vez más asustado el pobre Quique.
Suavemente la maestra lo ayudó a levantarse del suelo y al querer tomarle sus manos, el niño dejó caer sin darse cuenta, lo que tenía celosamente escondido en su mano izquierda.
Era un papelito arrugado, casi húmedo, muy bien doblado…Se despidió la maestra de su alumno con un beso en la frente y al ver que se alejaba rápidamente por la vereda bañada con el sol del mediodía, recién decidió abrir el papelito creyendo que era un machete.
Y aparecieron ante sus ojos asombrados unas enormes palabras azules escritas con el único lápiz de color que Quique tenía:
Señorita, yo la amo
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